PESSOA

Bésame, oscuridad,
reconecta mis neuronas,
rasga mis pupilas negras
antes del despertador.
Acaricio tenues líneas,
me mecen las formas grises
hasta que prende la luz
y rompe la realidad.
Mientras, continúa el sueño,
cubro mi fascies real
con máscara y maquillaje
y salto a vivir el día.
Aún persiste la noche,
congelada, solitaria,
sonrío la luna blanca,
el frío muerde la piel.
Ábreme, que me zambullo
en las fauces del andén
para mirar de soslayo
a gente deshabitada.
Amigos desconocidos
en el vagón de las siete,
en mi memoria las caras
espero veros mañana.
Sentada en el metro pienso:
la cuestión es ser turista,
transformar la ciudad mustia
en una copa de vino.
Lanza una carcajada,
vocifera improperios,
que el mundo se transfigure
en el libro del sosiego.
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